Decorar con papel pintado de los 70

El papel pintado de los 70 es sinónimo de colorido, surrealismo y alegría. En algunos casos suponen una alternativa interesante para la  decoración del hogar, pudiendo transformar las estancias en espacios llenos de  encanto extravagante.  El papel  pintado de los 70 aporta  un aire contemporáneo y actual a la decoración de una casas. El también llamado papel pintado retro  también ofrece muchas posibilidades, aunque para algunas personas les parezca una alternativa decorativa arriesgada.

Pero lo que sí está comprobado es que los papeles de los 70 aportan una personalidad única a los espacios, mucho más que otros elementos de la decoración. En papeles pintados Saint Honoré, especialistas con más de 50 años de experiencia en el mercado, ofrecen en su amplio catálogo de papel pintado online muchos modelos de inspiración retro. También explican algunas claves para acertar con este estilo y transformar positivamente los ambientes de la casa.

El papel pintado de los 70: la moda retorna siempre

Los años 60, 70 y 80  fueron la  época dorada de los papeles pintados, pero en la actualidad lo vintage y lo retro son máxima tendencia en decoración.  El papel pintado de los 70 de  hoy en día aporta muchas ventajas respecto al del pasado, gracias a los recursos tecnológicos actuales. 

Los papeles pintados de los 70 se reconocían fácilmente por sus formas geométricas, el arte pop, estampados  y adamascados

Si  se quiere dar un aire  puramente retro a la decoración de una casa,  las tonalidades amarillas, rojas  y anaranjadas acompañadas de muebles antiguos, será un acierto.   Cuando no  se  pretende  un ambiente totalmente retro, con un papel de los 70 puede lograrse una decoración retro-moderna que combine los dos conceptos. Esta mezcla actualmente es máxima tendencia en interiorismo,  y se puede aplicar tanto en salones,  como en dormitorios  o estudios.

Un papel pintado de los 70 puede transformar las habitaciones en tiempo record, pasando de un decorado liso a un estampado retro en a  una velocidad  vertiginosa.

Lectora voraz desde que era una niña, pronto aprendió a contemplar el mundo con la mirada entre curiosa y soñadora de quienes aman la literatura. Algunas de las horas más gratas de su vida las ha pasado sumergida entre las páginas de un libro, pero sin renunciar por ello al "mundanal ruído". Porque también aprendió tempranamente que, la única forma de entender la mayoría de las historias, es viviéndolas.